HABLANDO DE FE

Hebreos 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Hebreos 11:6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Santiago 2:19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan



HABLANDO DE FE



Se dice que el equilibrista más grande de todos los tiempos estaba haciendo preparativos para fijar un cable a través de las cataratas del Niágara y cruzarlas haciendo equilibrio.

Y al fin llegó el día en el que todo estaba preparado, se había convocado a una muchedumbre, tanto periodistas como curiosos estaba allí. Entre la multitud había una anciana admiradora desde su juventud de este equilibrista, estaba emocionada ansiosa de ver aquel espectáculo. Y es que no era para menos, ella era una invitada especial.

De pronto el equilibrista se le acerca y le dice:

- ¿Usted cree que yo soy el mejor del mundo? – Si, responde ella.

- ¿Y Usted cree que yo puedo cruzar las cataratas a través de este cable?

- Por supuesto, responde ella, Usted es el mejor de todos los tiempos.

- Entonces, responde él, suba sobre mis hombros y crucemos juntos las cataratas.

La anciana, impávida, asustada y ahora incrédula ante tal invitación le responde con un rotundo NO¡



Esta historia me recuerda a nuestra relación con Dios, todos decimos creer en El, pero cuando se trata de confiar en El, ponemos cualquier excusa. Una cosa es creer que El es Dios y otra cosa es creerle a El. Una cosa es tener una religión, cualquiera que esta sea, en la cual decimos amar a Dios, y otra cosa es tener una relación de amistad y amor con El.

Todos tenemos Fe, fe en nosotros mismos, en el equipo de football que nos gusta, Fe en un sistema político, etc. Es decir que todos tenemos la capacidad de creer en algo o en alguien, aún los ateos se tienen fe a si mismos. Pero cuando se trata de confiar en Dios, nuestros pensamientos nos llevan a creer solo en lo que vemos.

No se trata de ver o sentir a Dios, se trata de creerle, de tener plena fe en El, de tener la humildad de sabernos necesitados y por lo tanto rendirle nuestro corazón.